Regalos y Respuestas

¡Qué dicha! ¡Qué plenitud! ¡Qué gozo!

Este fin de semana es día del padre, mi primer día del padre siendo yo el padre y además de ese gran regalo, recibí un gran detalle.

Por coincidencias del destino, sincronizadas claro está, mi esposa quiso probar el tiraleche para que revisáramos la cantidad de leche que nuestro hijo estaba comiendo y después de unas placenteras tres horas de sueño más unos minutos más, Alexander nos avisó que era hora de alimentarlo. Como se está haciendo hábito, le cambiamos el pañal antes de su respectiva toma de leche y al terminar de hacerle el cambio, llegó su mamá con un biberón y me acomodé para darle su primer alimento que me tocaba brindarle de mi mano (los anteriores habían sido directamente de mami).

Lo primero fue maravillarme de que al prenderse del biberón y empezar a tomar de él, Alexander veía a su madre, quien estaba enfrente de nosotros sacando más leche para una toma más generosa, agradeciendo él su amorosa contribución de la manera más simple y contundente que tiene para hacerlo, ¡disfrutándosela toda!. Ahí estaba la escena: madre, hijo y padre unidos en la lactancia, como una representación del equilibrio perfecto que hay en lo que se nos provee y el acomodo perfecto de las cosas para que se reciba en el momento y lugar exactos.

Para mí como papá primerizo, fue un gran regalo del día del padre, sentir esa bendición de ser el canal por el cual ese ser humano va a alimentarse y no habló solo de la leche, que en sí, ya es una gran bendición también; sino, de todo, de todo lo que va a alimentarse: de la percepción de la vida, del mundo, de la lluvia y del sol, de plantas y animales, de la tierra y el aire, del significado de las cosas, del valor de las relaciones, del sentido de vivir, de la plenitud y el gozo, de la conexión con todo lo que amamos, del amor en sí. ¡Gracias mijo por recordarme la responsabilidad de vivir en plenitud!

Y es así, tan simple y bello, tan directo e innegable, nuestros hijos aprenden de lo que somos, seamos o no conscientes de ello. Y esto alcanza también para quienes aún no tienen hijos: hay alguien que está aprendiendo de lo que eres; más aún, todos estamos alimentándonos de lo que somos todos y lo que somos es el alimento de alguien más. Momento perfecto para recordar unas cuantas preguntas de éstas que actúan como brújula de navegante: ¿cómo va mi ser? ¿soy un canal para que mi alma se exprese y se encuentre con otras? ¿soy el encuentro de sentimiento y pensamiento? ¿de palabra y acción? ¿soy ejemplo de virtudes? ¿soy el mundo que deseo para mi hijo?… y recibo respuesta:

Padre e Hijo

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