Capítulo 3 – La esfera

Confiando en mi intuición que parecía retratar la realidad con más nitidez que mis cinco sentidos físicos, comence a platicarle todo a Claudia. Ella escuchaba con atención e interés cada palabra y al terminar mi relato me dijo -¿Y entonces de qué es tiempo?.

No lo sé aún – le dije – siento que necesito encontrar esa respuesta.

Pues averigüémoslo, tengo un amigo que creo puede ayudarnos – me dijo dejando un billete en la mesa y tomándome de la mano para irnos.

Nos subimos al auto y me fue guiando hacia adentro de la sierra, en donde estaba un lago que nunca me había percatado de que existía. Nos bajamos y fui siguiéndola por la orilla del lago hasta llegar a una cabaña.

Don Gera es un hombre sabio que está tan en contacto con la naturaleza, que creo ya hasta ha de hablar con los animales y plantas – decía con un tono que hacía pasar el comentario de la exageración y a la seriedad.

¡Don Gera! ¡Don Gera! – gritaba Claudia al frente de la puerta de esa cabaña mientras sonaba la campana que el tal Don Gera usaba de timbre.

¡¿Qué pasó mijita?!, ¡¡¡qué milagro!!!, ¿cómo está la más querida de mis alumnas? – decía Don Gera mientras se asomaba del patio de atrás para identificar quien tocaba a la puerta.

Don Gera era un anciano que llenaba un pantalón de mezclilla y una camisa a cuadros con la vitalidad de alguien que ama trabajar la tierra.

Don Gera, traje un amigo, él es Ian – me presentaba Clau.

Mucho gusto Ian – decía mientras estrechaba mi mano y yo percibía un cuidado paternal en él – Pasen, pasen, ¿quieren agua? o ya sé, mejor un juguito de uva, las parras están muy generosas este año.

Don Gera nos sirvió un jugo que cuando empezé a tomarlo, veía como Don Gera sembró la semilla, regó las plantas y cuidó de su crecimiento hasta cortar con suavidad los frutos hace unas semanas.

Claudia le fué platicando mi caso mientras Don Gera me veía y sonreía el verme disfrutar el jugo de uva. Después de escuchar el relato, fue a uno de sus muebles y sacó una caja para dármela.

Esto es para tí Ian – dijo el hombre.

¿Cómo sabe que es para mí? – le pregunté.

Aún piensas demasiado para ser un hombre despierto – respondió Don Gera – solo ábrelo y deja que te guíe a lo que buscas.

Ok, gracias – le dije.

Abrí la caja y traía una esfera transparente del tamaño de un limón

Pónla en la palma de tu mano izquierda – me dijo Don Gera

Lo hice y en ese instante, empecé a recibir información de todo tipo, incluyéndome en esas imágenes. Fue infinidad de información en un microsegundo y después me quedé en silencio.

¿Qué? ¿qué ves? ¿qué te dice? – me preguntaba Claudia.

Veo que esto que me pasa es el inicio – respondí.

¿El inicio de qué? – continuaba Claudia

De una nueva humanidad, nos está pasando a varios y terminara por pasarnos a todos, los recién nacidos vienen ya así. Sólo necesito encontrar a los otros nueve… ¡y rápido!.

¡Wow!, ¡qué emoción!, ¿sabes donde están? – preguntó Claudia

Sí – respondí – Rápido Don Gera, necesito lo que encontró en el lago y guarda en el granero.

Don Gera nos miró incrédulo de que descubriéramos lo que seguramente era un secreto que guardaba ante todos, asintió con la cabeza y sonrió como disfrutando compartir un tesoro.

¡Vamos!, Claudia, trae esa linterna por favor – dijo el viejo.

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