De Viaje

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Viajar, viajar, viajar… estar en descubrimiento, ese es el valor del viaje, estar en un entorno desconocido con el hambre de conocerlo, de experimentarlo, de vivirlo.

Por eso nos gustan los viajes, porque nos conectan con la energía vital, con la energía para vivir la vida, que es en sí misma, un viaje.

La rutina, el estancamiento y el simple seguimiento de reglas preestablecidas quitan un tanto de humanidad, quitan esa conexión con la habilidad humana que nos conecta con la divinidad: crear. Crear descubriendo y descubrir creando, esa fórmula infinita para vivir una vida plena: crear algo y dejarte maravillar por la creación, para descubrir la siguiente por crear y luego, por descubrir de nuevo, y así sucesivamente. Ser creación y ser creador y descubridor a la vez.

Al reconectar con este sentido del viaje, todo se clarifica y el estrés insano que aprisiona se desvanece; reconectamos con la temporalidad de las situaciones, que son solo paradas en un viaje continuo: cada situación, una parada temporal dentro de un viaje, para conocer lo que hay ahí, sentir ese lugar, esa gente, esa comida, esa bebida, sus animales y sus plantas, su tierra, su arte, sus expresiones, ese espacio y ese tiempo, vivirlo y fusionarnos con ese momento para crecer con el, hacer nuestra parte y seguir, continuar el viaje.

Así, cada momento de nuestra vida, es un viaje, y aún si son las mismas personas alrededor, el momento distinto los hace contener un elemento nuevo por descubrir, igual con las plantas y animales, con las cosas, con todo; todo es nuevo en cada instante, todo tiene algo nuevo por descubrir cada vez y esa es la belleza para nosotros que somos eternos exploradores.

Con equipaje ligero y espíritu libre, solo lo esencial: lo que nos da vida; así es este viaje, cada momento es una experiencia para alimentarnos de ella y alimentarla también, dejar algo de nosotros en ella, completando la transmutación, como la tierra misma que te da un fruto, mientras la riegas; como el perro que te lame la mano, mientras le das agua; como el niño que ríe, mientras juegas con él y el anciano que te mira, mientras le escuchas; como tu mismo que descubres, mientras te llevas de viaje; como tu espíritu, mientras descubres y te conectas con la vida.

Manténte de viaje, descubriendo y creando.

 

 

Luna

Luna

La luna que hoy miramos juntos

te llevó a imaginarte ahí,

tocándola como a un punto

en el extremo de tu nariz.

 

Tan blanca e inspiradora

¡es hermosa esta luna!

ahora es una detonadora

de una eterna y cálida cuna.

 

Padre e hijo la admiramos,

y caminamos en ella,

tu me llevaste a sentirla

en una caminata bella.

 

Ese es tu gran poder:

imaginar y crear

las realidades grandiosas

que a todos hagan vibrar.

Yo soy siempre contigo,

a cada paso de tu andar

en esta vida maravillosa

que disfruto acompañar.

 

Eres una inspiración

un alma llena de belleza

toda una bendición

eres mi gran alteza.

 

 

Me llevaste hasta allá,

hasta el espacio estelar

solo te bastó imaginar

para juntos poder volar

 

y paso a paso avanzar

en la luna… en el mar.

 

 

 

Carta

Carta

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Hola

Gracias por sentirme en todo momento, por escucharme y dejarte guiar por mí. Se que ha habido momentos agradables y otros, no tanto; y aún así… sigues creyendo, creyendo en mí… en mí y en ti… en mí en ti.

Me reaviva tu fe en todo momento de la vida, tu devoción y tu entrega. Haces que crezca y cumpla mi misión de darle sentido a la vida.

Me ilumina este tono incondicional con el que me vives y experimentas, me alimenta para llegar a todos lados y en todo momento, pues me hace vibrar en esa dimensión en donde el tiempo y el espacio se disipan, donde el ego queda atrás y la unión es el único propósito para mí en ti y en todos tus hermanos.

Me encanta tu paz, como tierra fértil en donde disfruto florecer. Descuida, todos los frutos de tu jardín son bendecidos, por la misma presencia que me has permitido manifestar en ti, su semilla; siguen el mismo camino de luz, con el que los concibes.

Siempre estoy contigo… aquí… ahora… siempre disponible e inmenso para ti, listo para abrazarte desde dentro y llenar de calor tu alma y de luz tu existir, como lo haces conmigo.

El amor.

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Experiencias – la paleta de pintar en la vida

Terminaba mi obra y mientras limpiaba los pinceles, me percaté de los colores que iba adquiriendo la paleta para pintar. Si bien se ve muy elegante cuando es nueva y aún huele a madera, estos colores que va adquiriendo con el uso, son maravillosos.

Así es nuestra vida humana en este planeta, llena de experiencias multicolor de aprendizaje, en las que a veces obtenemos el color que queremos desde un inicio, a veces toma varias pruebas, pero siempre, sea el que queramos o sea otro, es el perfecto para el aprendizaje que ocupamos para nuestra evolución, es el perfecto para que el artista sea artista.

Así, las experiencias nos permiten manifestar lo que somos, nos permiten conectar nuestra alma y compartirnos con los demás a través de nuestras creaciones: una pintura, un baile, una canción, una comida, un detalle, unas palabras, un momento de escucha, de atención al otro, un acto de servicio, un acto de amor… ¡sí!, eso, son actos de amor, actos de entrega a nuestras creaciones para ser instrumentos de algo más grande que las origina para que las manifestemos.

He ahí la importancia de abrirnos a las experiencias que nos brinda la vida, de mantenernos curiosos en un eterno aprendizaje, de ser protagonistas y observadores y escuchas a la vez, de vivir sacándole jugo a cada instante, de ser uno con la experiencia y conectar con lo que tiene para nosotros, como un regalo diseñado por una conciencia superior.

Dichosos los maestros en el arte de entregarse a una experiencia, pues es ahí donde se vive la vida.

 

 

Original

Original

Me desperté de nuevo en la madrugada y tras unos minutos de estar acostado sin volverme a dormir, estoy aquí frente a la computadora con ganas de compartir.

Ayer por la tarde pasé por un semáforo cercano a mi colonia y estaba una señora que pasaba entre los carros vendiendo sus artesanías, la acompañaba una niña con una cajita de chicles (goma de mascar), de esas cajitas livianas con paquetes de cuatro pastillas. Estaban ellas en un camellón en lo que se acababan de detener los carros para pasar a vender y observé a la niña que traía en una mano los chicles y en la otra, una varita con la que iba jugando: tocaba la tierra, el pasto, las piedras, otras ramas e iba diciendo algo, platicaba o cantaba mientras hacia viajar la varita. ¡Era todo un espectáculo!. Los carros se detuvieron ante la luz roja y la niña pasó a un lado ofreciendo los chicles; al pasar junto a mí, no pude más que rendirle tributo y le di un paquete de galletas que acababa de abrir y me dijo gracias y sonreímos, tenía una sonrisa bella que combinaba con su tono de voz al decir gracias. Subió al camellón de nuevo y me dí cuenta que al chofer del auto que iba atrás de mí, también lo tenía cautivado, ella lo vió y él le dijo adiós para que ella respondiera diciendo adiós también.

La belleza de esta niña iba más allá de su carita infantil, el color moreno de su piel y su pelo negro que resaltaba sus ojos brillantes, tenía el brillo del juego, el brillo de ser niño, el brillo de ser niña, de entregarse a algo que ella había creado con esa varita que estaba en el suelo y con lo que le regalaba el entorno. Así sin iPads, ni WiFi, con una sofisticación más allá de toda marca de ropa: la simpleza del juego. ¡Qué regalo!

Y eso me pone a reflexionar en lo que le damos a nuestros niños, sobre todo en sus primeros meses de vida en donde según veo en mi hijo, lo que más disfrutan (y creo necesitan) es estar con sus papás, más allá de esa pequeña trampa del tener para ser que tiene a la mayoría de la sociedad enfocada en lo exterior y más cerca del ser para compartir y crecer, de abrazarlo y jugar con él, sonreír juntos y disfrutar los momentos.

Me hace reflexionar también en como damos lo que le damos a nuestros hijos, como brindamos ese tiempo juntos, esa cercanía. Me doy cuenta para empezar, lo asombroso de esta nueva generación, lo observadores e inteligentes que son: estaba con Alexander poniéndole los juguetes que le gustan alrededor de él, con la intención de que se estire para tomarlos y apoyarlo en aprender a desplazarse, así puse una pelota de esas que tienen bolitas (sensoriales), cerca de él y en lugar de que se estirara al máximo para tomarla, agarró otra pelota de las mismas y la uso para alcanzar la primera y acercarla. ¡Wow!, para mí, eso fue impresionante.

Con estas gratas sorpresas de la inteligencia de mi hijo veo la magnitud del reto: acompañarlo en su crecimiento, sin limitarlo al crecimiento que yo creo que es el mejor, sino facilitando el suyo propio, original como él. Todo un ejercicio de humildad para soltar el ego y aprender junto a él: él descubriendo el mundo y yo también, descubriéndolo de nuevo, porque a final de cuentas, yo también soy nuevo, igual que él (cuando él nace, yo nazco como papá). Así que creo que la clave es esa, descubrir juntos, maravillarnos juntos, respetándole ese lienzo en blanco que es y en el que se puede aprender de una manera original, fresca, nueva, total, tal como es el aprendizaje real, el que lleva al crecimiento.

Así sea… original, fiel al origen 😉

Descubrimiento

Descubrimiento

Un despertar más, un despertar nuevo, un despertar pleno. Un despertar de un padre que admira a su esposa y a su hijo descansar, descansar juntos para despertar en unos instantes y vivir una maravillosa aventura nueva.

Despertares tan simples y contundentes, que dibujan una sonrisa en mi rostro y me llenan por dentro, que detonan en un instante, sensaciones plenas de momentos mágicos.

Reímos hasta llorar, otra vez :), ¡qué rico es eso!, se le había caído un calcetín y al encontrar su piecito desnudo y presentarlo ante su má, se encontró con esa sensación de “¡oh Dios!, ¡ahí vienen las cosquillas!” y lo hacía reír más que las mismas cosquillas. Yo lo cargaba para que estuviera de frente a la experiencia y mientras escribo, me doy cuenta que es la posición en la que más me gusta llevarlo, darle un apoyo firme para que vea todo de frente, con las manos libres para tocar, los pies libres para moverse, la vista abierta para verlo todo  y en general, libre para descubrir, que es lo que más disfruta, descubrirlo todo, maravillarse de información nueva que llega a él y de vez en cuando me habla con su manita para asomarme y compartirme la experiencia o simplemente voltea hacia mí y me encuentra con sus ojos de mirada profunda que me acarician el alma y me llenan de gozo.

Sí, creo que esta posición en la que lo llevo ahora que aún no camina, es la posición que me gusta adoptar como papá, ésta de apoyo libre, de bases fuertes para un descubrir pleno, de compartires cercanos y crecimiento constante.

Y sí, son esas carcajadas suyas, mi alimento interior, esa lección que este maestro vivo me enseña: la vida es simple y simplemente se vive, y lo que siento, me confirma que el mejor regalo que damos a quienes nos aman es ser felices, incluyéndonos siempre en ese grupo de quienes nos aman.

La vida es descubrimiento… simple.

Regalos y Respuestas

¡Qué dicha! ¡Qué plenitud! ¡Qué gozo!

Este fin de semana es día del padre, mi primer día del padre siendo yo el padre y además de ese gran regalo, recibí un gran detalle.

Por coincidencias del destino, sincronizadas claro está, mi esposa quiso probar el tiraleche para que revisáramos la cantidad de leche que nuestro hijo estaba comiendo y después de unas placenteras tres horas de sueño más unos minutos más, Alexander nos avisó que era hora de alimentarlo. Como se está haciendo hábito, le cambiamos el pañal antes de su respectiva toma de leche y al terminar de hacerle el cambio, llegó su mamá con un biberón y me acomodé para darle su primer alimento que me tocaba brindarle de mi mano (los anteriores habían sido directamente de mami).

Lo primero fue maravillarme de que al prenderse del biberón y empezar a tomar de él, Alexander veía a su madre, quien estaba enfrente de nosotros sacando más leche para una toma más generosa, agradeciendo él su amorosa contribución de la manera más simple y contundente que tiene para hacerlo, ¡disfrutándosela toda!. Ahí estaba la escena: madre, hijo y padre unidos en la lactancia, como una representación del equilibrio perfecto que hay en lo que se nos provee y el acomodo perfecto de las cosas para que se reciba en el momento y lugar exactos.

Para mí como papá primerizo, fue un gran regalo del día del padre, sentir esa bendición de ser el canal por el cual ese ser humano va a alimentarse y no habló solo de la leche, que en sí, ya es una gran bendición también; sino, de todo, de todo lo que va a alimentarse: de la percepción de la vida, del mundo, de la lluvia y del sol, de plantas y animales, de la tierra y el aire, del significado de las cosas, del valor de las relaciones, del sentido de vivir, de la plenitud y el gozo, de la conexión con todo lo que amamos, del amor en sí. ¡Gracias mijo por recordarme la responsabilidad de vivir en plenitud!

Y es así, tan simple y bello, tan directo e innegable, nuestros hijos aprenden de lo que somos, seamos o no conscientes de ello. Y esto alcanza también para quienes aún no tienen hijos: hay alguien que está aprendiendo de lo que eres; más aún, todos estamos alimentándonos de lo que somos todos y lo que somos es el alimento de alguien más. Momento perfecto para recordar unas cuantas preguntas de éstas que actúan como brújula de navegante: ¿cómo va mi ser? ¿soy un canal para que mi alma se exprese y se encuentre con otras? ¿soy el encuentro de sentimiento y pensamiento? ¿de palabra y acción? ¿soy ejemplo de virtudes? ¿soy el mundo que deseo para mi hijo?… y recibo respuesta:

Padre e Hijo